FLORES DE BACH PARA ANIMALES ¡CLARO QUE SÍ!
En el Día Internacional del Animal observo y agradezco la compañía de estos seres maravillosos con los que compartimos la experiencia en 3D que es la vida. Tanto para contar sobre ellos...
Rómulo y Remo aparecieron en el barrio como dos perros callejeros y en un breve pestañeo se convirtieron en parte de nuestra familia orgullosamente ensamblada entre humanos y caninos. Remo, de pelaje rubio, Rómulo morocho, habían aparecido a la vez en el barrio y todos pensamos que fueran hermanos. Pero lo que en aquel momento no sabíamos era que Rómulo se iba a convertir en mi primer caso de tratamiento de Flores de Bach en una especie no humana. ¿El motivo? Lo intentaré explicar:
Rómulo se manejaba en su vida cotidiana con una continua llamada de atención, pedir comida, caricia, salir o la acción que sea, lo hacía con un llantito mañoso que muchas veces, por lo intenso, no dejaba ni conversar. Todo exigía y lo quería ¡ya!
Una noche intentábamos cenar en paz y no nos escuchábamos las voces, entonces se me encendió una lamparilla: ¿Y si le damos flores de Bach?
Algo que no se hace con las personas en la terapia floral y que es suponer, fue la base del tratamiento con Rómulo.
¿Falta de amor, de atención, de cariño? Todo eso le sobraba pero evidentemente lo que él tenía era mucho miedo al abandono y a volver a pasar mal. ¿Impaciencia? Claro que sí. ¿Exceso de egocentrismo? También.
Y así surgió mi primera fórmula diseñada para animales.
Impatiens, Verbain, Heather, Mímulus...algunas de las flores para él.
Se preguntarán si funcionó, claro que sí. Al tiempo Rómulo dejaba conversar...pero mantuvo su esencia y sigue siendo la oveja negra de la familia.
¿Por qué funcionan tan bien las esencias en los animales? Pues porque son remedios vibracionales y resuenan con su campo energético, mucho más puro que el nuestro. Y con una velocidad increíble.
Hoy Rómulo ronda los 13 años de edad (o más) y le agregó a su carácter una impronta de estar más allá del bien y del mal que muchas veces genera cierta envidia. Y mientras transcurra su pasaje por esta Tierra, seguirá dando que hablar...


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