LA FAMILIA Y LA NAVIDAD
Compartimos cadenas de ADN, somos familia. Gracias a la generosidad de los que nos permitieron llegar a esta vida 3D, padres y madres, estamos aquí. Y nos transformamos en ramas de un mismo árbol, vinculándonos por el apellido, los anhelos, las aficciones, vivencias. La familia nos alimenta y nos permite crecer, si el árbol deja fluir su sabia y se nutre de la energía universal.
Pero resulta que crecemos y encontramos otras familias: personas y mascotas que llegan a nuestra vida con vínculos energéticos muy fuertes basados en el Amor. Seres que comienzan a compartir el día a día, que rotulamos como amigos, compañeros de trabajo, vecinos...y vamos entendiendo que la verdadera familia es la que se sostiene sola por el sutil y poderoso lazo del Amor.
Estos seres han pactado previamente con nosotros sus planes vitales, de modo que las astucias del “destino” han movido los hilos transparentes que nos unen para encontrarnos y hacernos quedar en esos segmentos de vida que compartimos unos con otros. Con ellos nos sentimos en casa. Con ellos podemos Ser sin la obligación de cumplir mandatos y reproducir esquemas de creencias, porque no estamos atados y los elegimos por puro gusto.
Tengo una familia enorme con diferentes apellidos, colores, géneros y nacionalidades. Algunos tienen dos piernas, otros cuatro patas. Con algunos nunca he podido concretar un abrazo físico, pero desde hace muchos años me sostienen desde el poder de las letras con su presencia en los momentos felices y amargos. Realmente son mi familia y con ellos, sumados a mi árbol genealógico, creo que he logrado un buen parque. Son árbol y son flores para mí.
Y llegada una nueva Navidad, celebrar con ellos la fiesta de la Familia.
¡Muy Feliz Navidad!
Gracias por leerme.
Lucía Borsani

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