ESENCIAS FLORALES Y TRABAJO ESPIRITUAL

 

N.N. es una mujer cuarentona que ya se ha leído toda la Biblioteca y conoce los autores de todos los libros de autoayuda habidos y por haber. Practica varias terapias alternativas y cada vez que me pide una consulta me hace reír. Porque tiene un humor sencillo y contagioso, qué buena combinación ¿no?

Pero N.N. todavía no se da cuenta de que está aprovechando las flores para algo más que un crecimiento personal. Ya está haciendo trabajo espiritual, que es otra cosa.


A diferencia del crecimiento personal, que se puede realizar a través de cursos, libros, técnicas, etc. y que logra adquirir conocimientos de afuera hacia adentro, el trabajo espiritual tiene una dirección opuesta, ya que se vuelca de adentro hacia afuera. Dicho de otra forma, se trata de llevar a la práctica los conocimientos y comenzar a evolucionar en diferentes aspectos vitales.

El Dr. Bach además de definir cada flor en sus aspectos caracterológicos, también definió un valor para cada una si la utilizamos para el trabajo espiritual. Ejemplos:


Mimulus desarrolla la compasión

Cerato desarrolla la sabiduría

Heather desarrolla la empatía


El trabajo espiritual no se trata de subirse a la cima del Everest y meditar. De hablar de la buena o mala onda y encender inciensos en la casa. Se trata de ir mejorando como seres humanos, completamente libres de seguir nuestra propia voz interior.

La espiritualidad no se aferra a ninguna religión y por eso necesita una apertura de conciencia, un grado mínimo de inteligencia emocional que se puede conseguir a través de la toma de las esencias florales, como un primer paso en un camino maravilloso de realización personal.


El ser humano de este siglo por un lado o por el otro está cuestionando su sistema de creencias, dándose cuenta de que la mayoría de esas creencias se basan en la culpa y el miedo. En reproducir creencias heredadas, la mayoría inconscientes. El concepto de pecado ya para muchos es sinónimo de ignorancia. El seguir el mandato de un guía espiritual, a rajatabla y sin el discernimiento personal, también es un acto de poca sabiduría.

Acompañar tanto el crecimiento personal como el trabajo espiritual con la ayuda de las flores es “tenerla clara” y entender que en la propia naturaleza, como decía el Dr. Bach están los remedios para el alma. Las flores, en su mayoría silvestres, nos recuerdan que esta escuela que es la vida no tiene por qué ser sufrida y complicada, solo transitada con el mayor disfrute posible y las ganas siempre potenciales de aprender.


Gracias por leerme


Lucía Borsani

Terapeuta Floral


Imagen: Waratah, esencia del Sistema Australiano de Bush






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